José Luis Escobar, Presidente de ARLE León
José Luis Escobar, Presidente de ARLE León

Hay problemas que no hacen ruido hasta que entran en casa. La adicción al alcohol —a menudo camuflada como costumbre social— no solo afecta a quien bebe: golpea a parejas, hijos, padres, amigos, y se mezcla con ansiedad, depresión, duelos, estrés o soledad. Por eso, cuando una terapia se interrumpe, el coste no es administrativo: es personal y familiar. Con ese mensaje, ARLE León (Asociación de Alcohólicos Rehabilitados de León) lanza un aviso claro: “no podemos parar ahora”.

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La llamada a la colaboración llega en un momento crítico. Su presidente, José Luis Escobar, explicó en antena que la entidad —sostenida por subvenciones y el esfuerzo de voluntarios— quedó al borde del cierre temporal tras perder el pasado año una ayuda clave de la Diputación de León por un error en los plazos: “Nos pilló desprevenidos… no cumplimos los plazos por horas de presentación”, relató. El impacto fue directo: se trataba de 20.000 euros, uno de los pilares del presupuesto anual de la asociación, que ronda los 70.000 euros.

Una asociación nacida por falta de recursos públicos

ARLE nació a principios de los años 70, precisamente, ante la falta de recursos públicos para atender a personas con dependencia del alcohol. “Se fundó con un pequeño espacio cedido por el Ayuntamiento, con un psiquiatra y una trabajadora social que empezaron a atender a gente prácticamente sin recursos”, recordó Escobar. Décadas después, la realidad del alcoholismo sigue ahí, pero con un matiz: “Hoy en día alcohólicos puros prácticamente no quedan… casi todo el mundo no viene con una sola adicción”.

En ARLE el trabajo es terapéutico y también pedagógico: explicar que el alcoholismo es una enfermedad crónica y que la recuperación exige continuidad. Escobar lo resumió con una idea contundente: “Recibes un alta terapéutica, pero nunca es un alta de la enfermedad… esto nunca puedes volver a probar el alcohol”.

“Primero la abstinencia; después, el por qué”

La puerta de entrada a la asociación suele abrirse por dos vías: derivación desde Atención Primaria o, con frecuencia, empujada por la familia. “El problema del adicto lo sufren familiares y todo el entorno”, insistió. Tras una primera entrevista con las terapeutas, ARLE plantea un itinerario en fases que persigue algo más que “aguantar unos días”: construir un cambio sostenido.

En palabras de su presidente, el proceso trabaja primero la abstinencia, después el mantenimiento y, más adelante, el núcleo del problema: “En la última fase se trata más profundamente el por qué… la personalidad que nos ha llevado a ella”. Y lo explicó con una comparación muy comprensible: “Esto es como cuando alguien va a Urgencias: primero le quitamos el dolor y una vez que no le duele tratamos el problema, porque solo quitar el dolor no sirve”.

Además del tratamiento a la persona con adicción, ARLE sostiene una línea esencial: el trabajo con familias, “un apoyo fundamental en la rehabilitación”, con terapias específicas para el entorno.

El alcohol: legal, accesible y socialmente “premiado”

Una parte central de la conversación fue el choque cultural que complica la recuperación: el alcohol está tan integrado que, en ocasiones, se cuestiona al que no bebe. “Tú llegas un día a tu grupo de amigos y pides un agua con gas… y te dicen: ‘¿qué te pasa?, ¿estás mal?’”. Escobar defendió que la prevención pasa por educación: “Todo se celebra con alcohol… también se ahogan las penas con alcohol… está tan presente en nuestras vidas, es tan fácil conseguirlo que es muy difícil erradicarlo”.

También desmontó mitos habituales: “Lo de ‘yo controlo’… te estás engañando. Nadie controla: es todo lo contrario, el alcohol te controla a ti”. Y advirtió de un perfil menos visible pero igualmente problemático: quien “solo bebe un día” pero ese día lo hace de forma que deriva en violencia, accidentes o conflictos graves.

Más temprano, más transversal, más oculto

En su experiencia, el alcoholismo no distingue profesiones ni niveles sociales: “Da igual que seas abogado, albañil, pintor, artista… tenemos gente desde 18 hasta 80 años… notarios, abogados, profesores, catedráticos”. Y sí observa tendencias: inicio cada vez más temprano y un aumento de mujeres que piden ayuda.

ARLE trabaja además en un ámbito especialmente delicado: un programa en prisión para personas con dependencia, donde —explicó— muchos casos llegan tras delitos o siniestros “bajo los efectos del alcohol”.

La tormenta perfecta: ayudas que no suben y costes que sí

La situación económica actual no se explica solo por el fallo en los plazos de la subvención. ARLE describe una “tormenta perfecta” que afecta a muchas entidades sociales: las ayudas tienden a estancarse y el coste de vida sube. “Se incrementa la calefacción, la luz, el alquiler…”, enumeró Escobar. Tras la pandemia, además, tuvieron que trasladarse a un local más grande para mantener condiciones de seguridad: “Efectivamente, más caro”.

Este año, aunque han vuelto a solicitar la subvención, la cuantía prevista baja: “Los 20.000 euros que recibíamos ahora se han quedado en 16.000… hay más asociaciones y tienen que repartir”. Con un margen tan estrecho, cualquier desfase rompe la estructura básica: “No íbamos a poder pagar ni sueldos de las dos terapeutas… ni hacer frente a alquileres”. Escobar subrayó que esas dos terapeutas son los únicos puestos remunerados: “Todos los demás somos voluntarios”.

El año pasado, para evitar el cierre, ARLE activó un crowdfunding: necesitaban 27.000 euros y lograron en torno a 12.000, una ayuda “muy buena, no suficiente”.

Llamamiento a ciudadanía y empresas: “Con poco se sostiene algo esencial”

ARLE insiste en que la continuidad es la clave: una terapia no es un trámite, es un proceso vital. Y por eso pide colaboración, también al tejido empresarial. “Hay empresas grandes en León… y tienen trabajadores con problemas con alcohol que nosotros estamos tratando”, señaló Escobar. Para 2026 plantean abrir líneas estables: charlas en entornos laborales y apoyos económicos que permitan sostener el servicio sin sobresaltos.

El mensaje final es claro: ayudar a ARLE no es “donar a una asociación”, es sostener una red que evita recaídas, protege familias y devuelve vida a personas que estaban perdiéndola. Como dijo su presidente desde la experiencia: “El día que te sientes rehabilitado es el inicio del resto de una nueva vida”.

Cómo colaborar con ARLE León

Donaciones (CaixaBank): ES52 2100 6263 1102 0010 7449
Web: www.arleleon.org
Email: presidencia@arleleon.org
Teléfono: 987 24 83 63

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