El accidente ferroviario de Adamuz ha hecho que en muchos puntos de España se reactiven recuerdos de heridas que nunca llegaron a cerrarse del todo. En la provincia de Salamanca, esa sacudida emocional tiene dos nombres y fechas muy concretos: Villar de los Álamos, en 1965 y el paso a nivel de Muñoz, en 1978.
Dos tragedias distintas en su origen, pero unidas por la magnitud del dolor y por la profunda huella que dejaron en varias generaciones.

Villar de los Álamos, 18 de diciembre de 1965: el choque que estremeció a dos países
A las 9:10 de la mañana de aquel sábado previo a Navidad, el Sudexpreso París–Lisboa, que circulaba con más de cuatro horas de retraso y reforzado con doble tracción por la elevada demanda de viajeros, atravesó la estación de Villar de los Álamos envuelto en una densa niebla. En la vía opuesta esperaba detenido, cumpliendo el cruce reglamentario, el Ómnibus-Correo 1.802 entre Fuentes de Oñoro y Medina del Campo, conocido popularmente como ‘ligerillo’.
El expreso no frenó. El maquinista no percibió la señal de cierre —probablemente oculta por la niebla— y el tren irrumpió por la entrada equivocada de la estación hasta empotrarse frontalmente contra el convoy que permanecía inmóvil.
El impacto fue terrible y las locomotoras quedaron literalmente encajadas una contra otra y varios vagones del Sudexpreso cabalgaron sobre las máquinas. El coche restaurante cayó por la ladera y el resto formó una imagen que los periódicos de la época calificaron de terrorífica.

El balance oficial final fue de 34 fallecidos y 49 heridos, aunque en los primeros recuentos se habló de cifras algo menores, siendo muchas de las víctimas trabajadores portugueses emigrados a Francia, Alemania o Suiza que regresaban a su país para pasar las fiestas navideñas con sus familias.
La respuesta ciudadana fue inmediata: guardias civiles, policías, pastores de fincas cercanas y vecinos acudieron antes de que llegaran los servicios oficiales de emergencias y que prestaron los primeros auxilios a los heridos en medio del caos, llegando incluso a obligar a los pasajeros que habían salido ilesos pero que permanecían en estado de shock, a colaborar con ellos para bajar colchones de los coches cama y tender unas improvisadas camillas.

Los hospitales de Salamanca se llenaron de heridos con graves quemaduras provocadas por el vapor de las locomotoras y la ciudad respondió masivamente a las llamadas de las emisoras de radio para donar sangre.
Tres días después, la Cruz Roja portuguesa fletó un tren para repatriar a los supervivientes, despedidos por sanitarios y ciudadanos en un emotivo pasillo al son de la Estudiantina portuguesa, una tragedia que se convirtió también en un inesperado símbolo de fraternidad entre España y Portugal.
Siete años más tarde, en 1972, la Audiencia Provincial juzgó el caso. El jefe de circulación fue condenado a dos años de prisión, mientras que el jefe de estación y el mozo de agujas resultaron absueltos. RENFE fue obligada a indemnizar a las víctimas.
Muñoz, 21 de diciembre de 1978: el día en que se truncó el futuro del Campo Charro
Trece años después, la provincia salmantina volvió a vivir una mañana negra. Sobre las 9:10 horas, un autobús escolar que transportaba a cerca de noventa niños hacia el colegio de La Fuente de San Esteban cruzó un paso a nivel sin barreras en Muñoz, donde algunos escolares ya advirtieron al conductor de la inmediata llegada del tren, pero este decidió no frenar.
La locomotora —una Serie 321— arrolló el vehículo a gran velocidad y lo partió en dos. La parte delantera fue arrastrada más de un centenar de metros, quedando el techo incrustado en la máquina.
Murieron 32 personas, 31 de ellas menores de entre 6 y 14 años; y más de cuarenta resultaron gravemente heridas. Una tragedia que hizo que varios de los pueblos del entorno perdieron de golpe a buena parte de sus niños.

La escena fue devastadora: padres llegando desesperados al lugar, identificación de cuerpos en condiciones dramáticas y hospitales desbordados para acoger a los heridos, aunque de nuevo, la población salmantina reaccionó volcándose en las tareas de auxilio y en la donación de sangre.
El conductor del autobús fue condenado por imprudencia temeraria a un año de prisión, retirada del carné e indemnizaciones a las familias, además tras el accidente, el Gobierno ordenó sustituir urgentemente el paso a nivel por uno elevado, que se construyó pocos meses después.

En 2021, con motivo del 43 aniversario, el Estado concedió la medalla al mérito de Protección Civil al Ayuntamiento de La Fuente de San Esteban en reconocimiento a la solidaridad mostrada por los vecinos aquel día. Supervivientes y familiares participaron en un homenaje cargado de emoción.

Dos tragedias que siguen presentes
Aunque Salamanca ha registrado otros accidentes ferroviarios a lo largo de su historia, ninguno alcanzó la magnitud humana de estos dos sucesos. Villar de los Álamos representó el mayor choque de trenes en la provincia y Muñoz, el peor siniestro en un paso a nivel ocurrido en España.
El desastre de Adamuz ha vuelto a recordar que la seguridad ferroviaria nunca es un asunto cerrado. En Salamanca, esos ecos resuenan con especial fuerza décadas después porque detrás de cada cifra hay historias, familias rotas y pueblos enteros marcados para siempre por la tragedia.