José Manuel Lucía Megías
José Manuel Lucía Megías

El escritor que cambió la historia de la literatura sigue desafiándonos cuatro siglos después. Lo hace en el cine, en el debate sobre la sexualidad, en la controversia del lenguaje inclusivo, en las lecturas de género e incluso en las relecturas ecológicas del Quijote. De todo ello habló, con claridad y sin miedo a los charcos, el cervantista José Manuel Lucía Megías en los micrófonos de Es la Mañana de León, con Arturo Martínez, pocas horas antes de encontrarse con los lectores leoneses.

Puedes encontrar la entrevista completa haciendo click aquí 👉 Enlace entrevista a partir del minuto 12:08

Porque hoy viernes, a las 19:30 horas, Lucía Megías estará en la Cámara de la Propiedad Urbana de León, dentro de las X Jornadas Cervantinas, para presentar su último libro, Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro, y firmar ejemplares a quienes quieran mirar a Cervantes con otros ojos.

Del mito de piedra al hombre que se equivocaba

“Nos hemos acostumbrado a ver a Cervantes casi como un santo, sin sexo, muy pulcro, como una estatua de mármol que no se puede tocar”, reconocía el invitado durante la entrevista. Su trabajo de los últimos años va justamente en la dirección contraria: quitarle el mármol y devolver al escritor al suelo que pisamos todos.

Doctor en Filología por la Universidad de Alcalá, con formación en Italia y Francia, catedrático de Filología Románica en la Universidad Complutense de Madrid y vicedecano de su Facultad de Filología, José Manuel Lucía Megías es además presidente de honor de la Asociación de Cervantistas, vicepresidente de la Asociación Hispánica de Literatura Medieval y creador y director de la Red de Ciudades Cervantinas. En 2016 fue distinguido con la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio.

Especialista en iconografía quijotesca, ha dirigido proyectos tan singulares como el Banco de Imágenes del Quijote (1605–1915), con más de 17.600 imágenes hoy accesibles en la Biblioteca Nacional de España, y fue responsable científico del Quijote interactivo de la propia BNE. A ello se suman varias ediciones del Quijote, una biografía de Cervantes en tres volúmenes, más de una docena de libros de poemas y dos obras de teatro.

Con ese bagaje, su nueva obra, Cervantes íntimo, tiene algo de ajuste de cuentas con el mito: “Detrás del gran escritor hay un hombre que vive en una época fascinante. Come, trabaja, pide empleo, mantiene una familia, va al baño, tiene sexo… Y de todo eso, de la vida cotidiana, apenas tenemos huellas directas, pero sí un contexto histórico que nos permite imaginar cómo pudo vivir”.

Lo que sabemos y lo que solo podemos imaginar

Lucía Megías fue muy honesto respecto a los límites del conocimiento biográfico: “A ciencia cierta, no sabemos casi nada de su intimidad”. No hay diarios ni confesiones personales. Lo que sí hay son documentos dispersos —un duelo ante su casa en Valladolid, pleitos, papeles burocráticos— que, combinados con lo que conocemos de los Siglos de Oro, permiten construir un Cervantes verosímil, no milagroso.

El cervantista recordó que el problema ha sido tratarlo como si su vida tuviera que ser tan “única” como su obra: “Se ha querido ver a Cervantes como alguien que se movía por el mundo por encima de las leyes, sin necesidades, sin condicionantes. Y no: Cervantes tenía que comer cada día, pagar deudas, soportar jerarquías, negociar trabajos… como cualquier hombre de su tiempo”.

Por eso insiste en la importancia de estudiar no solo cómo vivió Cervantes, sino también cómo se ha ido construyendo su mito a lo largo de los siglos, con qué fines y bajo qué intereses ideológicos.

Amor, deseo y etiquetas: el debate de El cautivo

La conversación se adentró inevitablemente en el terreno más mediático: la sexualidad del escritor y la película El cautivo, de Alejandro Amenábar, que ha reavivado el debate. Lucía Megías fue asesor histórico del filme, un encargo que surgió cuando el director leyó su volumen La juventud de Cervantes y se reconoció en su manera de contar el Argel del siglo XVI.

El cervantista explicó que el trabajo con Amenábar fue “un proceso muy enriquecedor” que le permitió ver de cerca cómo se transforma la historia en cine. Subrayó la diferencia entre los dos lenguajes: el historiador trabaja con documentos y cautela; el cineasta, con hipótesis dramáticas y licencias creativas.

La película ha hecho que buena parte del foco se concentre en la posible relación amorosa de Cervantes durante su cautiverio en Argel. Ante la pregunta directa —“¿era homosexual, bisexual, qué era Cervantes?”—, Lucía Megías invitó a desconfiar de los cajones rígidos:

La sexualidad formaba parte de la esencia humana entonces como ahora, pero el poder —civil y religioso— intentó controlarla limitándola a la procreación. Todo lo que se salía de ahí se convertía en pecado o delito. Cervantes vivió en lugares como Italia o Argel, donde algunas prácticas, por ejemplo las relaciones entre hombres, tenían un margen de libertad que no existía en otros ámbitos. Es lógico pensar que pudo vivir experiencias diversas, sin que eso se reduzca a una etiqueta.

Más allá de las polémicas, al cervantista le interesa otro dato: los jóvenes espectadores. Las pruebas de público previas al estreno mostraron que quienes tenían menos de 35 años no se quedaban atrapados en si la relación que veían era “entre dos hombres o dos mujeres”, sino en que era una relación de amor compleja, sin futuro claro, entre dos personas. “Eso también es un termómetro de la sociedad que estamos construyendo”, apuntó.

Contra la polarización: amor frente a odio

Lucía Megías advirtió del riesgo de trasladar al campo cervantino la dinámica de trincheras que domina otros debates públicos: “Reducir mensajes muy amplios y enriquecedores a un mínimo absurdo. O estás en este eslogan o en el contrario”.

Frente a esa lógica binaria, el autor de Cervantes íntimo propuso algo tan sencillo como radical: recordar que el amor es amor, más allá de quién lo protagonice, y que una vida sin amor ni diálogo con el entorno suele degenerar en amargura y odio. “Si tú amas, si tienes una relación placentera con el mundo, difícilmente puedes vivir instalado en el odio, salvo que haya una patología de por medio”, resumió.

Una invitación: leer a Cervantes con la mente abierta

El final de la entrevista sonó a compromiso personal. El propio Arturo Martínez, conductor del programa, confesó que tras escucharle pensaba volver a leer el Quijote, quizá ya con otra mirada. Y José Manuel Lucía Megías lo celebró: “Esa es la finalidad de todo lo que hacemos: que volvamos al escritor”.

No se trata, insistió, de leerlo como prueba de erudición o como pieza de museo, sino como un libro de ahora que nos habla de nuestro tiempo: “No lo leamos como quien dice ‘soy muy culto, me voy a leer un libro de hace 400 años’, sino como una obra que todavía nos desafía y nos obliga a dialogar con nosotros mismos”.

Ese diálogo continuará esta tarde en León, en la Cámara de la Propiedad Urbana, donde José Manuel Lucía Megías presentará Cervantes íntimo. Amor y sexo en los Siglos de Oro dentro de las X Jornadas Cervantinas. Una oportunidad para escucharle, hacer preguntas, llevarse el libro firmado… y, quizá, volver a casa con ganas de abrir de nuevo el Quijote, esta vez con el mármol ya resquebrajado y la mente bien abierta.

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