Imagen: ICAL. Imagen de archivo de un accidente de tráfico ocurrido en Sardón de Duero (Valladolid).
ICAL. Imagen de archivo de un accidente de tráfico ocurrido en Sardón de Duero (Valladolid).

Corría el año 1994 cuando se hicieron los primeros anuncios de que el tramo entre Quintanilla de Arriba y Castrillo de la Vega contaría con una autovía. Más de tres décadas después, las obras continúan, las promesas se acumulan en los cajones de ministerios de distintos colores políticos y el firme de la N-122 sigue registrando víctimas mortales.

La última tragedia ocurrió este martes en la localidad vallisoletana de Sardón de Duero. Un hombre de 62 años perdía la vida tras colisionar su turismo contra un camión, elevando a cuatro el número de fallecidos en las carreteras de Valladolid en este arranque de 2026. Sin embargo, el dato que más preocupa a los vecinos de la comarca es la recurrencia: en apenas doce meses, este tramo de escasos kilómetros se ha cobrado ya tres vidas.

¿Por qué tanta siniestralidad?

El diagnóstico de asociaciones como A-11 Pasos de Peñafiel o Stop Accidentes apunta a varios factores. Justo en la salida de Sardón, la N-122 presenta un diseño con curvas cerradas, cambios de rasante que reducen la visibilidad y un asfalto muy deteriorado por las lluvias del invierno. De hecho, en declaraciones a este medio, el portavoz de A-11 Pasos, Teodoro Ortega, ironizaba sobre el estado de la calzada: "Parece la carretera de una zona de guerra".

A estas deficiencias técnicas se suma un altísimo volumen de tráfico pesado, lo que complica la circulación y la convivencia diaria entre camiones y turismos en una vía de carril único por sentido.

"Atravesados" por la nacional

Sardón de Duero es, junto a Peñafiel, uno de los últimos municipios de la provincia que todavía es "partido" en dos por la carretera nacional. 

Su alcalde, José Antonio Matesanz, explicaba en esRadio que la localidad no solo sufre siniestros, sino también atropellos constantes. "Se cambió el trazado de la curva a la salida del pueblo, pero sigue habiendo accidentes", lamenta, mientras insiste en que muchos vehículos acceden al núcleo urbano a velocidades inadecuadas.

Treinta años de espera por la A-11 

Para los colectivos afectados, la siniestralidad de la N-122 no es una cuestión de azar, sino de la falta de una infraestructura moderna. Mientras los trabajos de la Autovía del Duero (A-11) avanzan con lentitud, la Nacional sigue soportando una gran carga de tráfico. 

Como denuncian los vecinos, el retraso acumulado durante tres décadas ha convertido un trayecto cotidiano en un riesgo real, dejando en el aire la misma pregunta de hace treinta años: cuándo la A-11 dejará de ser una promesa, para convertirse en realidad.

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