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Tras más de 26 años de negociaciones intermitentes, la Unión Europea y el Mercosur han conseguido cerrar un acuerdo comercial histórico que creará una de las mayores áreas de libre comercio del mundo. Sin embargo, el camino hasta este punto ha estado marcado por fuertes tensiones políticas, especialmente en torno al sector agrícola europeo.

Así lo explica Jan Jonckheere, profesor de comercio internacional en OBS Business School, quien considera que el pacto no se ha desbloqueado ahora por casualidad, sino por la nueva realidad geopolítica. Según el experto, la necesidad de abrir nuevos mercados ha sido determinante.

La agricultura, el gran punto de fricción

A pesar del enorme alcance del acuerdo, el debate público se ha concentrado casi exclusivamente en la agricultura, y en particular en la importación de carne de vacuno desde el Mercosur. El profesor subraya que el peso real de este sector dentro del acuerdo es limitado. “Estamos hablando de que la agricultura representa entre un 3 y un 5% del valor total del tratado. Y la carne de vacuno apenas un 1,5%. Es decir, se está bloqueando un acuerdo enorme por una parte muy pequeña del conjunto”, advierte.

El contingente adicional pactado para el Mercosur, añade, supone 99.000 toneladas anuales más, una cifra que se suma a las 200.000 que ya se importan actualmente. “Ni siquiera llega a duplicar la cantidad actual y, además, existen numerosas cláusulas de salvaguardia para frenar importaciones si se producen distorsiones de precios”, recuerda.

Beneficios para la industria europea

Más allá de la agricultura, el profesor insiste en que los grandes beneficiados del acuerdo serán sectores industriales europeos como la automoción, la maquinaria pesada, los productos químicos o la tecnología. “Para la competitividad europea es un paso muy importante. Abre mercados emergentes de enorme potencial y permite a la Unión Europea diversificar sus exportaciones en un momento de tensiones comerciales globales”, subraya.

Uno de los principales temores expresados por los críticos del acuerdo tiene que ver con el cumplimiento de los estándares medioambientales. Jonckheere reconoce que es una preocupación legítima. “Existe el riesgo de que, al aumentar la producción en países como Brasil, se produzcan más problemas de deforestación o de uso de pesticidas que chocan con el Pacto Verde europeo. Ahí está una de las grandes contradicciones que la UE tendrá que gestionar”, admite.

De cara a los próximos años, el experto cree que este modelo híbrido —con una parte del acuerdo avanzando y otra bloqueada— podría repetirse en futuros tratados comerciales europeos, aunque advierte de sus riesgos. “La Unión Europea no puede convertir esto en una rutina, porque afectaría a su credibilidad internacional. Necesita acuerdos ambiciosos y globales, no pactos a medias”.concluye.

Pese a todas las dificultades, Jonckheere se muestra convencido de que el acuerdo UE–Mercosur marca un punto de inflexión. “Es un ejemplo claro de cómo una fracción muy pequeña del comercio puede condicionar grandes decisiones políticas. Pero también de cómo, al final, la lógica económica y estratégica termina imponiéndose”, concluye.

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