Por el Estrecho de Ormuz, situado entre Irán y Omán, pasa una parte fundamental del petróleo y del gas que consume el mundo, pero también materias primas esenciales para la agricultura y la transición energética.
Ramón Boixadós, profesor de ESCP Business School, ha explicado que el Estrecho de Ormuz es uno de los puntos más estratégicos del planeta. En condiciones normales, por esta ruta marítima circulan millones de barriles de petróleo, grandes cantidades de gas natural y una parte muy importante del comercio mundial de fertilizantes. El cierre o la interrupción parcial del tráfico marítimo ya está teniendo efectos directos sobre los precios internacionales de la energía y de las materias primas.
Uno de los aspectos más preocupantes es el impacto sobre la agricultura. El profesor ha recordado que los fertilizantes dependen en gran medida del gas y que una reducción de la oferta puede afectar directamente a la producción de alimentos. Esto podría traducirse en una subida progresiva de los precios de productos básicos como el trigo o el maíz, especialmente en las próximas campañas agrícolas.
Además, Boixadós ha alertado del riesgo de crisis alimentarias en regiones especialmente vulnerables. Países africanos y asiáticos que dependen de fertilizantes procedentes de esta zona podrían sufrir importantes problemas de abastecimiento y producción agrícola. Organismos internacionales ya advierten de posibles escenarios de hambruna si la situación se prolonga.
La entrevista también ha abordado el impacto sobre la transición energética. Materiales fundamentales para las baterías eléctricas, los aerogeneradores o las infraestructuras renovables, como el níquel o el cobre, dependen de procesos industriales vinculados al petróleo y al gas. Según ha explicado el profesor, la falta de suministro y el aumento de costes podrían ralentizar o incluso paralizar proyectos energéticos en distintos países.
Por último, Boixadós ha subrayado la fragilidad de las cadenas de suministro globales. La situación en el Estrecho de Ormuz sigue siendo uno de los principales focos de tensión económica y geopolítica a nivel mundial, con consecuencias que podrían sentirse tanto en el precio de la energía como en la alimentación y la economía global.