El año académico en el extranjero ha dejado de ser una opción minoritaria para convertirse en una tendencia estable dentro del sistema educativo español. Así lo afirma Pablo Martínez, presidente de ASEPROCE, la patronal de los organizadores de programas educativos internacionales, quien subraya que entre 16.000 y 18.000 estudiantes españoles cursan cada año parte de su formación fuera del país.
Según Martínez, esta consolidación se explica en gran medida por un marco legal que permite la convalidación de los estudios realizados en el extranjero, una ventaja diferencial de España frente a otros países. Pero también por la creciente conciencia, entre las familias, de que la experiencia internacional aporta mucho más que conocimientos académicos: fomenta la autonomía, la madurez personal y una mentalidad abierta clave en un mundo globalizado.
Reino Unido, Estados Unidos, Irlanda y Canadá siguen siendo los destinos más demandados, aunque con cambios significativos en los últimos años. El Brexit ha encarecido y complicado el acceso al sistema británico, mientras que Canadá gana peso por su flexibilidad académica y su capacidad de adaptación a distintos perfiles de estudiantes. Irlanda, por su cercanía y similitud cultural, y Estados Unidos, por programas públicos más accesibles, completan el mapa de preferencias.
Más allá del idioma, las familias priorizan la seguridad, el acompañamiento durante la estancia y la correcta orientación académica para garantizar la convalidación posterior. Un aspecto clave, según ASEPROCE, para que la experiencia sea positiva y sostenible en el tiempo.
España, además, se sitúa entre los países europeos líderes en movilidad internacional de estudiantes preuniversitarios, lo que refuerza la idea de que esta práctica forma ya parte del imaginario educativo colectivo. Aunque las becas siguen siendo limitadas, Martínez defiende la necesidad de ampliar los programas de apoyo para garantizar una mayor igualdad de oportunidades.
El impacto de esta experiencia, concluye, es profundo y duradero: jóvenes más preparados, con mejores perspectivas académicas y profesionales, y con una visión internacional que repercute positivamente en la sociedad a su regreso. Un año fuera que, como resume el propio sector, “dura toda la vida”.