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El impacto del conflicto en Oriente Medio ya se está dejando notar en el bolsillo de los europeos. La subida del gas —clave en la fijación del precio de la electricidad— ha disparado el coste de la luz en las últimas semanas y amenaza con trasladarse de forma directa a millones de consumidores.

En España, el precio mayorista ha llegado a duplicarse en pocos días, empujado por las tensiones en el suministro energético internacional. Un efecto que evidencia hasta qué punto la geopolítica sigue marcando el ritmo de la factura eléctrica. En este contexto, María Canal Fontcuberta, portavoz de la Comisión Europea, reconoce que el escenario actual es “incierto y volátil”. Apenas días después del inicio del conflicto, los precios del gas subieron un 50% y los del petróleo un 27%, lo que ha obligado a Europa a gastar ya unos 6.000 millones de euros adicionales en importaciones energéticas.

Desde Bruselas defienden que la Unión Europea ha avanzado de forma significativa desde la crisis energética provocada por la guerra en Ucrania. La diversificación del suministro y el impulso a las renovables han cambiado el panorama energético del continente. El peso de las energías limpias ha pasado del 36% en 2021 al 48% en 2025, y actualmente más del 70% de la electricidad en Europa procede de fuentes bajas en carbono. Sin embargo, esta mejora no elimina la vulnerabilidad. Sectores como el transporte siguen dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles, lo que mantiene a Europa expuesta a crisis internacionales.

El gas dispara la luz: cómo funciona el efecto dominó

Desde el punto de vista del mercado, Mario Fernández, CEO de Camby, explica el mecanismo que está detrás de esta subida. “El precio de la luz en España está aumentando principalmente por el gas”, señala. El sistema eléctrico marginalista hace que el precio final lo marque la tecnología más cara que entra en el mercado, habitualmente las centrales de ciclo combinado. Esto provoca que, aunque gran parte de la energía se genere con renovables más baratas, el precio final se dispare cuando el gas sube. En las últimas semanas, el precio medio ha pasado de 40-50 euros por megavatio hora a cerca de 100, con picos especialmente elevados en las horas punta.

El impacto de esta subida no es uniforme. Según explica Fernández, los consumidores en el mercado regulado (PVPC) ya están notando el incremento en su factura, al depender directamente del precio diario. Los usuarios del mercado libre con tarifas fijas lo percibirán más adelante, cuando renueven sus contratos. En este segundo caso, las nuevas tarifas ya reflejan subidas que pueden suponer entre 50 y 150 euros más al año.

El encarecimiento de la energía no se limita a la factura de la luz. Tiene efectos en cadena sobre toda la economía. El aumento del coste del gas y del petróleo repercute en el transporte, en la producción industrial y, finalmente, en el precio de los alimentos y otros bienes de consumo. “Esto acaba traduciéndose en inflación y pérdida de poder adquisitivo”, advierte el CEO de Camby, quien subraya que conflictos aparentemente lejanos terminan afectando directamente al consumidor europeo.

Para hacer frente a esta situación, la Comisión Europea apuesta por acelerar la transición energética y reforzar la inversión. Bruselas estima que serán necesarios hasta 660.000 millones de euros anuales hasta 2030 para transformar el sistema energético. Entre las prioridades destacan el impulso a energías renovables; desarrollo de redes eléctricas más eficientes; atracción de inversión privada, y medidas de apoyo a hogares vulnerables. Además, se estudian herramientas a corto plazo para contener los precios, como acuerdos energéticos a largo plazo o mecanismos de intervención en el mercado del gas.

¿Qué pueden hacer los consumidores?

Ante este escenario, los expertos recomiendan tomar medidas para reducir el impacto. Fernández apunta que el primer paso es revisar el contrato eléctrico, especialmente si no se ha actualizado en el último año. A partir de ahí, adaptar los hábitos de consumo y mejorar la eficiencia energética del hogar puede generar ahorros relevantes. “Se pueden conseguir ahorros de hasta 300 o 500 euros al año si se tiene la tarifa adecuada”, asegura.

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