La libertad de prensa en Europa atraviesa un momento de claro deterioro, marcado por el aumento de ataques legales, presiones políticas y un clima cada vez más hostil hacia los medios de comunicación independientes. Así lo ha advertido Elena Rodina, coordinadora del Media Freedom Rapid Response (MFRR).
El MFRR es un mecanismo europeo de protección para periodistas y medios de comunicación, formado por un consorcio de seis organizaciones y liderado por el European Centre for Press and Media Freedom, con sede en Alemania. Su trabajo se articula en tres grandes pilares: la monitorización diaria de violaciones contra la libertad de prensa en la Unión Europea y en países candidatos; el apoyo directo a periodistas y medios bajo presión —incluyendo asistencia legal, formación, medidas de seguridad y programas de reubicación temporal—; y la labor de incidencia pública para defender casos concretos y promover políticas de protección del periodismo independiente.
Según ha explicado Rodina, la situación de la libertad de prensa “está empeorando de forma clara” en Europa, impulsada por el auge de discursos populistas y extremistas contra los medios. Este fenómeno se traduce en un aumento de ataques verbales, violencia durante coberturas informativas y acciones legales contra periodistas, especialmente contra quienes investigan la corrupción o fiscalizan al poder.
El informe del MFRR sobre violaciones de la libertad de prensa en 2025, que se publicará a mediados de febrero, señala que los Estados se han convertido en el segundo actor más frecuente detrás de los ataques contra periodistas en Europa, un dato que la organización considera especialmente preocupante. Entre las amenazas más habituales destacan las demandas judiciales estratégicas o SLAPPs, utilizadas para intimidar y silenciar a periodistas mediante reclamaciones económicas desproporcionadas. En 2025, aproximadamente el 25% de los ataques registrados tuvieron carácter legal.
A estas presiones se suman los ataques verbales y los intentos de criminalización del ejercicio periodístico, que representan alrededor del 40% de los incidentes documentados, así como el bloqueo de la actividad informativa mediante la negación de acceso a eventos o a lugares de interés público. Rodina también ha alertado del aumento de ataques en línea y de la violencia contra periodistas durante la cobertura de protestas y manifestaciones.
En cuanto a la situación por países, la coordinadora del MFRR ha señalado a Serbia y Georgia como los casos más alarmantes fuera de la Unión Europea, mientras que dentro del bloque comunitario destaca Hungría, donde el panorama mediático está fuertemente controlado por el Gobierno y los medios críticos sufren campañas constantes de acoso. En el caso de España, aunque la situación no se encuentra entre las más graves, el informe del MFRR detecta señales preocupantes relacionadas con la disminución del pluralismo mediático y de la independencia editorial.
Rodina ha subrayado además el impacto de la autocensura, un fenómeno difícil de medir pero cada vez más presente, provocado por el miedo a represalias legales, económicas o políticas. Este efecto disuasorio, ha advertido, limita la investigación periodística y debilita el derecho de la ciudadanía a recibir información rigurosa y contrastada.
Finalmente, la coordinadora del MFRR ha insistido en que la libertad de prensa es un pilar esencial de la democracia y que su erosión pone en riesgo el funcionamiento democrático en Europa. Aunque ha valorado positivamente la aprobación de nuevas normativas europeas para proteger a los medios, como la Ley Europea de Libertad de los Medios o la directiva anti-SLAPP, ha señalado que el principal reto sigue siendo su aplicación efectiva, que depende en gran medida de la voluntad política de los Estados miembros y de la presión de la sociedad civil para defender unos medios libres e independientes.