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Las relaciones entre la Unión Europea y China atraviesan un momento clave. Así lo explica la economista Alicia García-Herrero, que define la situación como un “punto de inflexión” en el que Europa necesita mejorar la relación, pero sin encontrar beneficios claros.

Según señala, el principal problema es el desequilibrio económico. Europa mantiene un fuerte déficit comercial con China y sus empresas obtienen escasa rentabilidad en ese mercado. A esto se suma el apoyo de Pekín a Rusia en la guerra de Ucrania, que introduce una dimensión estratégica que complica aún más el acercamiento.

La experta advierte además de una dependencia creciente en sectores clave como las energías renovables, la tecnología o los materiales críticos. “China no solo crea dependencias, sino que las utiliza”, subraya.

En este contexto, García-Herrero defiende que la UE debe asumir una relación más realista con China, basada en tres ejes: cooperación en ámbitos globales, competencia económica y protección frente a riesgos estratégicos.

El debate en Bruselas sobre la futura orientación hacia China será, por tanto, clave para definir el papel de Europa en un escenario global cada vez más marcado por la rivalidad entre potencias.

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