La irrupción de ChatGPT y de la inteligencia artificial generativa marcó un punto de inflexión para Víctor Gómez, CEO de 4Geeks Academy. Para él, no se trataba de una moda pasajera, sino de la confirmación de una necesidad latente en el mercado laboral: la falta estructural de perfiles tecnológicos especializados. “Las empresas llevan años sin encontrar talento tecnológico y ahora ocurre lo mismo con la inteligencia artificial”, explica.
Ese diagnóstico fue el que impulsó a la escuela a apostar por una formación muy concreta, orientada a entrenar modelos de IA, automatizar procesos y crear aplicaciones apoyadas en estas tecnologías. Una decisión que, vista en perspectiva, ha acompañado el crecimiento exponencial de la compañía.
El camino, sin embargo, no empezó fácil. El lanzamiento de la escuela presencial en España coincidió exactamente con el inicio del confinamiento por la pandemia. “Abrir una empresa y al día siguiente plantearte si tienes que cerrarla es durísimo”, recuerda Gómez. Lejos de paralizarse, el equipo decidió pivotar el modelo y ofrecer formación tecnológica gratuita y en remoto a cien personas. Aquella iniciativa, además de impacto social, permitió a la escuela aprender a operar online y redefinir por completo su estrategia.
Desde entonces, 4Geeks Academy ha crecido un 2.000% en apenas cuatro años, sin recurrir a rondas de inversión externa. Gómez atribuye ese crecimiento a varios factores: múltiples opciones de financiación para los alumnos —incluida la asunción directa del riesgo por parte de la escuela—, una metodología centrada en la práctica y, sobre todo, un acompañamiento constante. La academia es la única del sector que ofrece mentorías ilimitadas y de por vida, un elemento clave para evitar el abandono por frustración.
El propio Gómez se define como “emprendedor fracasoso”, una etiqueta que reivindica como aprendizaje. Sus proyectos anteriores no prosperaron por errores clásicos como la falta de estructura y la mala elección de socios. Experiencias que, asegura, fueron determinantes para construir un modelo más sólido y sostenible.
En un sector altamente competitivo, la diferencia —insiste— está en el trato humano y en la metodología. La escuela combina el aprendizaje práctico con el modelo de aula invertida y el uso intensivo de herramientas de inteligencia artificial que ofrecen feedback constante al alumno. “No formamos solo programadores, formamos personas capaces de enfrentarse al mundo laboral desde el primer día”, señala.
La dimensión social también es central. Más de un millón de euros en becas han permitido a personas en situación vulnerable acceder a formación tecnológica y cambiar su trayectoria profesional. “La educación es una de las herramientas más potentes para generar impacto social real”, afirma.
Frente al temor a que la inteligencia artificial destruya empleo, Gómez es tajante: “La tecnología no elimina profesionales, los transforma”. A su juicio, el futuro pasa por perfiles capaces de trabajar con IA, dirigirla y corregirla. Ingenieros de inteligencia artificial, programadores que integren estas herramientas en su día a día y expertos en ciberseguridad serán algunos de los perfiles más demandados en los próximos años, también en Europa.