Europa vuelve a enfrentarse a una situación energética complicada. Tras la crisis provocada por la invasión rusa de Ucrania, el encarecimiento de los combustibles vuelve a poner de manifiesto la vulnerabilidad de la Unión Europea ante las tensiones internacionales y su dependencia de los suministros del exterior.
En una entrevista en el programa Es Europa, Pedro Linares, catedrático de Organización Industrial de la Universidad Pontificia Comillas y experto en economía y política energética, advierte de que la crisis actual tiene un alcance especialmente amplio, ya que afecta tanto al petróleo como al gas y repercute directamente en el transporte, la industria y la calefacción de los hogares.
Uno de los principales problemas estructurales de Europa es su limitada disponibilidad de recursos energéticos propios. Según explica Linares, la dependencia energética europea se sitúa en torno al 50%, mientras que España presenta una situación algo más favorable. La expansión de las energías renovables está contribuyendo a reducir esa vulnerabilidad, aunque todavía existen sectores muy expuestos a las fluctuaciones de los mercados internacionales.
Más renovables y eficiencia para reducir la dependencia
Para Linares, las dos grandes estrategias a largo plazo para mejorar la situación energética europea pasan por aumentar la eficiencia y acelerar el despliegue de las energías renovables autóctonas. Ambas medidas permitirían reducir el consumo de energía y disminuir la dependencia de los combustibles fósiles importados.
El experto destaca que la energía renovable es actualmente más competitiva que la fósil, por lo que considera que abaratar los costes y avanzar hacia un modelo más sostenible no son necesariamente objetivos incompatibles. "Ahora mismo la energía renovable es bastante más barata que la energía fósil", señala durante la entrevista. Sin embargo, advierte de que el despliegue de estas tecnologías debe avanzar a la velocidad suficiente para sustituir progresivamente las fuentes convencionales.
Entre las alternativas para la industria menciona también el biometano, un gas renovable producido a partir de residuos agrícolas y ganaderos que podría contribuir a reducir la dependencia exterior. No obstante, apunta a las dificultades que está encontrando su desarrollo en España, entre ellas la oposición local a determinados proyectos.
A corto plazo, las posibilidades de actuación son más limitadas. Linares considera que el ahorro energético debe desempeñar un papel fundamental y que los precios deben mantener una señal que incentive la reducción del consumo. Al mismo tiempo, defiende que esta estrategia debe acompañarse de ayudas públicas para los hogares y consumidores más vulnerables, que no siempre pueden asumir el encarecimiento de la energía.
El caso de España
La posición española presenta luces y sombras. Por un lado, su mayor participación de las renovables en la generación eléctrica permite reducir la dependencia del gas en comparación con otros países europeos. Por otro, el transporte continúa siendo un punto débil debido a su elevada dependencia del petróleo.
Además, Linares señala que España dispone de un margen presupuestario más limitado que otros países para desplegar ayudas públicas destinadas a amortiguar el impacto de los precios energéticos.
El experto también advierte de que las decisiones sobre los precios tienen consecuencias económicas que van más allá de la factura de la luz o del combustible. En el caso español, explica que la vinculación de las pensiones al índice de precios de consumo (IPC) condiciona las decisiones del Gobierno: un aumento de los precios energéticos puede elevar la inflación y, con ella, el gasto público en pensiones.
Europa y su dependencia del exterior
La crisis también vuelve a poner el foco en la seguridad del suministro. Tras reducir las importaciones de gas ruso por gasoducto, la Unión Europea ha buscado proveedores alternativos, especialmente Estados Unidos y Catar.
Sin embargo, Linares advierte de que esta diversificación no elimina la vulnerabilidad europea. La sustitución de unos suministradores por otros mantiene la dependencia exterior y deja a Europa expuesta a nuevas tensiones geopolíticas que pueden comprometer el abastecimiento y encarecer los mercados.
En este contexto, el experto considera que reforzar la producción renovable propia y mejorar la eficiencia energética son medidas esenciales para reducir los riesgos a largo plazo.
La crisis actual vuelve así a situar la energía en el centro del debate europeo, con un desafío que combina precios asequibles, competitividad industrial, protección de los consumidores y seguridad de suministro.
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