La ciberseguridad ya no es solo una cuestión técnica ni exclusiva de las empresas. Es, cada vez más, un asunto doméstico. Así lo advierte Fernando Mairata, experto en ciberseguridad, CEO de DLTCode y presidente del Grupo Armora, quien insiste en que la seguridad digital empieza en casa y que su descuido puede tener consecuencias mucho más amplias de lo que se piensa.
“Estamos acostumbrados a pensar que la ciberseguridad es cosa de empresas, pero si el agujero lo tenemos en casa, desde ahí va a ir escalando y va a comprometer también nuestra empresa”, afirma. En su opinión, la protección de los sistemas corporativos depende también de los hábitos digitales de las personas en su vida cotidiana. “Si no empezamos ya a poner medidas en nuestras casas, difícilmente vamos a proteger lo que son nuestras empresas”, añade.
Mairata considera que la sociedad ha llegado tarde a la educación digital, especialmente en el caso de los menores. “Hemos estado hablando de nativos digitales y realmente lo que hemos convertido es esos nativos digitales en huérfanos digitales, porque les hemos llevado a un mundo que no les hemos explicado”, señala. Según explica, el error ha sido asumir que haber nacido rodeados de tecnología implica saber usarla de forma segura. “Creen que saben y creen que como han nacido con ello, pues ya es parte de su vida y que nadie les tiene que enseñar”.
Uno de los principales problemas, subraya, es que muchas familias no integran la ciberseguridad como parte de la seguridad cotidiana. “El principal problema es no hablar de seguridad digital o separar ese concepto de la seguridad habitual”, explica. A su juicio, ambas dimensiones deben entenderse como una misma realidad: “Para estar seguros, tenemos que estar seguros en el mundo físico y en el mundo virtual”.
Los riesgos en el entorno doméstico son múltiples y, en muchos casos, invisibles para los usuarios. “Nuestras Wi-Fi son vulnerables y las puede utilizar cualquiera que esté dentro del rango”, advierte. Además, señala que la falta de medidas básicas puede provocar pérdidas irreversibles. “A lo mejor no somos una gran empresa, pero si de repente te quedas sin todas las fotos de los últimos 20 años, no te hace ninguna gracia”.
El experto también desmonta la idea de que los menores están seguros simplemente porque usan internet con fines aparentemente inocuos. “El ‘solo están jugando’ es un mito”, afirma. Recuerda que detrás de una pantalla no siempre se sabe quién está ni con qué intención. Por eso insiste en que la clave no es prohibir, sino acompañar. “La ciberseguridad familiar es hacerlo de forma compartida. No dar los dispositivos libremente, sino educar, acompañar y dar soporte”.
Ese acompañamiento debe empezar desde edades muy tempranas. “Cuanto antes empecemos a hablar con ellos, mejor. Si empiezan a utilizar las nuevas tecnologías con dos o tres años y no se les habla de ciberseguridad hasta los diez u once, ya llegamos tarde”, advierte.
En este proceso, el ejemplo de los adultos resulta fundamental. “Lo primero de lo que aprenden los niños es del ejemplo que les dan sus padres”, afirma. Por eso insiste en la coherencia: “Si les digo que tengan cuidado con lo que suben a internet y ellos me ven constantemente subiendo fotos sin mirar, el mensaje que reciben no es el que digo, es el que ven”. Mairata defiende que la solución pasa por incorporar hábitos sencillos en la vida diaria y asumir la responsabilidad desde el entorno familiar. “La familia es la clave para el éxito”, concluye.