Las movilizaciones juveniles que están recorriendo distintos países no son episodios aislados ni una simple reacción puntual. Detrás hay un malestar que lleva años creciendo y que tiene que ver con la dificultad para acceder a una vivienda, la precariedad laboral, la emergencia climática y la falta de expectativas de futuro. Así lo sostiene Eurídice Cabañes, investigadora y coordinadora del número 130 de la Revista de Estudios de Juventud, titulado Del asfalto a la nube, en una entrevista en Es Europa.
Cabañes considera que sí se puede hablar de un movimiento juvenil, impulsado por unas condiciones de vida que cada vez resultan más difíciles de sostener. Aunque advierte de que ese malestar no afecta únicamente a los jóvenes, cree que son quienes están viviendo las condiciones más duras.
La investigadora destaca también un cambio en las formas de participación. Las redes sociales sirven para difundir convocatorias y conectar a jóvenes de distintas ciudades, pero considera fundamental que la movilización salga del entorno digital y ocupe el espacio público.
En este sentido, diferencia las movilizaciones con objetivos y organización reconocibles de aquellas convocatorias virales cuyo origen no está claro. Cabañes alerta de que algunas de estas últimas pueden utilizarse para promover saqueos y destrozos, sin que exista una organización identificable que asuma la responsabilidad.
Para Cabañes, las dificultades de acceso a la vivienda, la precariedad laboral y la crisis climática tienen una raíz común: un modelo que, a su juicio, prioriza los beneficios económicos de unos pocos frente al bienestar colectivo. Por eso, rechaza que las protestas deban interpretarse exclusivamente como un conflicto generacional.
También cuestiona la idea de que a los jóvenes no les interesa la política. A su entender, están demostrando que se movilizan, se organizan y apoyan causas que van más allá de sus propios intereses, conscientes de que el bienestar es colectivo.
"Esto va para largo"
La investigadora cree que las protestas no son una moda pasajera. Recuerda que detrás de muchas movilizaciones existen organizaciones y colectivos con una trayectoria de años, como los sindicatos de inquilinos o la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).
Por ello, considera que estas redes seguirán activas mientras no cambien las condiciones que han provocado el descontento. A las instituciones les reclama escuchar las demandas y aprobar medidas concretas, especialmente en materia de vivienda. Si los cauces políticos no ofrecen respuesta, plantea explorar fórmulas de democracia y participación más directa.
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